Alvaro Castillo Granada desde Cuba


Hoy estuve un rato con ustedes. Viendo su, llamémoslo así, concierto/recital Con las mismas manos, a dos voces, como el que durante tanto tiempo hicieron, presentaron, Mario Benedetti y Daniel Viglietti. Y que nunca pude ver. Siempre llegué antes y me fui después. Adelaida me lo regaló tal y como me lo había prometido. Fue lo primero que me entregó cuando nos vimos después de seis meses que nunca parecen cientochenta días sino un rato, un más tarde. Hoy estuve un rato con ustedes escuchando las canciones, los poemas, sintiendo como hay vasos que unen lo que las palabras y los sonidos dibujan, cuentan, cantan y sienten. Hoy estuve un rato con ustedes, cantando (mal) y recitando (no tan mal, creo), en esa sala, frente a ese árbol de colores, desde mi casa, en una ciudad muy alta y cada vez menos fría. A mi izquierda, frente al librero, ustedes dos me miran (junto a Fina y Cintio y a mi mamá, llena de juventud): Silvio, desde sus Días y flores, firmado y con un dibujito en el día de uno de sus cumpleaños. Don Roberto, desde una foto junto a mí, los dos mirando a la cámara, en la inauguración de un premio Casa, después de oír hablar a Antonio Tabucchi. En el público, con frecuencia, me encontré con rostros queridos. Adelaida, a quien un foulard le dibuja una sonrisa cómplice y Laidi (yo no te digo así pero en este caso no tengo remedio), quien con su mirada lo dice todo, lo cuenta todo, lo sabe todo. Y, cómo no, Leyden con esa sonrisa y esos ojos que desbaratan al más fuerte. Por un momento tuve la sensación de estar con ustedes, en esa isla, en medio de ese pueblo al que tanto amo y admiro, y que llevo en el fondo de mi alma, en la superficie de mi piel como la caricia más pura y el apretón de manos más fuerte. Cuba ha sido, para mí, la oportunidad infinita y magnífica de poder ser parte de un todo que avanza y camina hacia un más acá. Un Aquí, que es destino y rumbo, un aquí que espera. Escuchándolos a ustedes, junto a ustedes, don Roberto, Silvio, estuve esta tarde en que no ha dejado de llover en mi ciudad, en esa sala, cantando, recitando, sus canciones y poemas que han acompañado mi vida. No se van, siempre están.

Álvaro Castillo Granada

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