Falleció el escritor mexicano Carlos Fuentes


Carlos Fuentes / 1928 – 2012

Adiós a un grande de las letras hispanas

El autor mexicano murió a los 83 años; ganador del Cervantes y el Príncipe de Asturias, dejó una obra prolífica de ficción y ensayo

CIUDAD DE MEXICO.- El mundo perdió ayer a uno de los más grandes exponentes de las letras hispanas. El escritor y ensayista mexicano Carlos Fuentes, autor de La muerte de Artemio Cruz y ganador del Premio Cervantes, entre otros logros de una vida prolífica que lo situó entre los autores más descollantes de la llamada nueva novela latinoamericana, murió a los 83 años.

Aún queda fresca en la memoria su reciente participación, dos semanas atrás, en la 38a Feria del Libro de Buenos Aires, en la que brindó una clase magistral. Fueron 45 minutos de pie, sin tomar siquiera un vaso de agua, en los que expuso con claridad sus ideas ante un auditorio fascinado de 800 personas, que siguieron atentamente cada una de sus palabras. Fue una clase en la que expresó su preocupación por la degradación política en América latina, confesó que lee todos los años el Quijote como si fuera la primera vez y mencionó al escritor Juan Rulfo y a su novela Pedro Páramo como su herencia mexicana más inmediata.

Leer el resto de la nota en diario La Nación

 

MIÉRCOLES, 16 DE MAYO DE 2012

LITERATURA › EL ADIOS A CARLOS FUENTES

Lo vivo, lo deforme, lo bello

La noticia de su muerte llegó de la manera más inesperada, a pocos días de su visita a la Feria del Libro. Tenía lista la novela Federico en su balcón y ya trabajaba en un nuevo libro.

Por Silvina Friera

Un pensamiento avanza en espiral y se niega al reposo. A la pantalla mental le cuesta editar la sustitución de un tiempo desterrado por otro ya desaparecido. La estampida del adiós suena como si las ideas pasadas y presentes se movieran y desdibujaran, como los elementos de un paisaje que se desplazan ante los ojos de un caminante. La imagen más reciente que la memoria despliega –antes y después de su reciente presentación en la Feria del Libro– es la de un caballero amable, pasional, inquieto, infatigable. No parecía un anciano octogenario con los achaques de la vejez. El misterio de esa especie de “eterna juventud” estaba en su temperamento entusiasta, en su devoción por la literatura, en ese simulacro de felicidad que le suministraba la escritura.

Leer el resto de la nota en Página/12

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