2 Diarios de viaje: al placer de viajar, se suma el de escribir


diasdeviaje-tapa

 

Días de Viaje (de Aniko Villalba – Editorial independiente) fragmento extraído de la página 27:

La escritura se convirtió, al principio sin darme cuenta, en la única actividad constante en mi vida. Era algo que hacía con tanta normalidad que no lo consideraba un arte ni mucho menos una vocación. Vivía a través de las palabras, me construía a través de las palabras y sufría a través de las palabras. Mis épocas más prolíficas eran las de enojo, tristeza y desilusión En vez de llorar, escribía. En vez de ir al psicólogo, escribía. Sabía que amaba escribir y, sin embargo, seguía en busca de mi vocación como si la respuesta estuviese en otra parte. El día que me di cuenta, todo me cerró: esa vocación que tanto había buscado era, justamente, ese mismo arte que amaba y hacía con placer.

9789874386038

Atrapa tu Sueño (Candelaria y Herman Zapp – Editorial Tres Américas Una Huella) fragmento extraído de las páginas 63 y 64:

Hasta hace muy pocos miles de años toda la humanidad era nómada. Esto fue así hasta que a un hombre se le ocurrió ser sedentario. A los demás les pareció que estaba loco, ¿cómo dejaría de ser nómade? ¿Renunciaría a conocer nuevos lugares, nuevos horizontes?, ¿abandonaría la aventura de conocer a otros pueblos?, ¿comer distintas frutas y animales? A pesa de las preguntas de los demás, se quedó eligiendo despertarse todas las mañana de su vida en un mismo lugar. Sembró y cosechó, sus animales procrearon y ya no necesitó de la caza, él solo se podía alimentar —Gula hace una pausa y continúa—. Al tiempo, otros hombres se le sumaron y cuando fueron muchos ya nadie los consideró locos. Pero aparecieron otras dificultades: por empezar, no todos tenían acceso al agua y los que sí, podían tener más animales y mejores cosechas. Esto creó la diferencia entre ricos y pobres. Entonces la tierra se convirtió en tema de disputa, y la gente salió a buscar otras. Así se formaron más pueblos: los que tenían éxito de cosechas o de almacenajes se extendían y esto trajo recelos y guerras. Y para las guerras se precisaban soldados y alguien que los dirigiera: pues de este modo surgieron, de entre los más ricos, los reyes, quienes para dominar a sus pueblos se definían como sus protectores. A ellos debían ir las cosechas y ganancias, porque necesitaban mantener los ejércitos y construir sus castillos y murallas. Pero ¿por qué las murallas del castillo no protegían las casas de quienes pagaban esos impuestos? ¿Y por qué, si el ejército estaba para defender al pueblo, el rey lo usaba para cobrar los impuestos que eran cada vez más altos? Pasaron más años y surgieron más interrogantes. Y así llegamos al siglo XXI… nada ha cambiado, salvo que a un hombre se le ocurrió ser nómade. A los demás les pareció que estaba loco: ¿cómo dejaría de ser sedentario como lo eran todos? ¿Dejaría de vivir en la misma casa para ir a lo desconocido?, ¿renunciaría a ver a las mismas personas de siempre?, ¿comería frutos y animales extraños? A pesar de las preguntas, igual ese “loco” se fue y comenzó su vida en un mundo nuevo. ¿A ustedes qué les dijeron sus amigos cuándo se fueron? —nos pregunta Gula.

—Que estábamos locos…
—Ves, ahora los locos somo los que queremos conocer el mundo, ver nuevos lugares, conocer nuevas culturas. Pero ¿porqué será que cada vez que uno se distancia de la masa es considerado un loco? ¿No serán los demás los locos? -me interpela Gula sin esperar respuesta—. Muchos nos preguntan cómo hacemos para seguir y nosotros nos empezamos a preguntar lo mismo de ellos. Vivimos en un pequeño entono que poco nos deja ver más allá. A cada lugar que vamos entramos en ese entorno y nos aclimatamos lo mejor que podemos. Seguimos siendo nosotros pero con pequeños cambios. Vivimos en constantes cambios, no somos fuertes ni frágiles, solo flexibles. Si fuéramos rígidos, tropezaríamos con la primera piedra, caeríamos en el primer pozo y ahí nos estancaríamos. Recuerdo una charla que tuvimos con una señora que nos hospedó. Nos preguntó que planes teníamos y le contesté que ninguno. No lo pudo comprender y me dijo que todos en la vida tienen planes, que el que no los tiene no es nadie. Todavía no los tenemos y nos sentimos mejor que cuando los teníamos, o mejor dicho “nos sentimos”. […]
—Gula, ¿sabés por qué los cóndores vuelan y nosotros no? —le pregunto.
—Porque poseen alas. En cambio, nosotros tenemos manos que queremos llenar con tantas cosas que no nos dejan volar.

 

—–

Gracias Bernardo Padovani por el aporte.

Etiquetas: , , , ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: