Gabriel García Márquez cumple 85 años


Desde Lima:

Escritores peruanos se unen al saludo general por un año más de vida del entrañable mago de la palabra.

El Nobel de Literatura colombiano cumple hoy 85 años, día en que su memorable obra maestra Cien años de soledad se publicará como libro electrónico en una edición revisada por su amiga y agente literaria Carmen Balcells.

Pedro Escribano.

Hace 85 años, en Aracataca, Colombia, nació Gabriel García Márquez. Su imaginación, poderosa, ha dado fruto a una serie de novelas que abordaron nuestra realidad latinoamericana con la fascinación de un realismo en el que se mezcla historia, cotidianidad y pensamiento mítico. Pero García Márquez, también conocido como Gabo, no solo es un escritor, sino también un hombre con espíritu justiciero que desde siempre se adhirió, solidario, desde sus predios –la literatura y también la opinión pública– a las nobles causas sociales.

La Academia sueca no fue indiferente a este mago de la palabra y alquimista de la imaginación, y le concedió el Premio Nobel en 1982. Con este galardón se premió también el auge y el inmenso aporte de la literatura latinoamericana a la literatura mundial.

Entonces, esta fiesta que parte del regocijo de un hombre excepcional es una fiesta que se extiende a toda Latinoamérica, en sus gentes y se extiende también a través del idioma: el habla del Quijote, primero, y luego, por ventura de estos tiempos, la obra de Gabo traducida y que galopa fosforescente en muchas lenguas del mundo.

GABO EN LA NUBE

Winston Manrique Sabogal y Juan Cruz.

Diario El País (España)

Aquel hombre que hubiera querido ser pianista de bar para ayudar a que los enamorados se quisieran más terminó convertido en un enamorador de lectores y en cómplice de muchos de ellos que han regalado sus libros en su estrategia de conquista. Por eso, hoy, martes 6 de marzo, la literatura celebra los 85 años de Gabriel García Márquez y su collar de conmemoraciones: 65 del primer cuento, “La tercera resignación”, 45 de Cien años de soledad, 30 del Premio Nobel y 10 de haber empezado a publicar sus memorias, Vivir para contarla.

Uno de los más significativos obsequios se lo dará Carmen Balcells, su gran amiga y agente literaria, desde Barcelona: las habituales rosas amarillas que tanto le gustan al escritor irán acompañadas de la primera edición de Cien años de soledad que sube al ciberespacio en formato de libro electrónico. Y será como un juego de espejos reflectantes porque el regalo-libro llegará a García Márquez y a las librerías virtuales con la portada de la primera vez: un galeón en la selva colombiana.

Un cumpleaños que incluye un mensaje-tarjeta oral de Balcells: “Mi relación con él ha sido una experiencia tan enriquecedora que ya no recuerdo ni cuándo empezó o si todavía seguimos anclados en esa nube del sueño; más ahora, cuando todos hablan del mundo cibernético y de esa nube infinita donde se pueden alojar todas las historias y los libros”.

Y desde hoy, esta edición de la obra más popular del Nobel colombiano será solo en español. La agente literaria no va a autorizar, en principio, ninguna más en otro idioma. Será la cuarta obra de García Márquez en edición electrónica: ya están Relatos de un náufrago, Todos los cuentos y Vivir para contarla, dentro de la colección Palabras Mayores. Lo publicará la misma editorial a la que Balcells ha fiado los anteriores títulos en este formato: Leer-e, dirigida por Ignacio Latasa. Solo que esta vez será en coedición con Mondadori (su editorial en papel en España) y los derechos son mundiales. Todo ha sido muy rápido. En el proceso de edición de la novela ha estado implicada Balcells, quien, por ejemplo, pidió que la letra de presentación del libro electrónico fuera un poco más grande de la habitual. Además, cuenta Latasa, “se han extremado las atenciones en el trasvase del texto a digital, los márgenes están equilibrados y el interlineado es más cuidado”.

El precio será de 5,99 euros y saldrá en dos formatos: para Kindle y el estándar de Epub (para diferentes dispositivos, incluido Apple). La política de la editorial, afirma Latasa, es que los precios digitales no pueden ser altos.

Los agentes, asegura Balcells, “no podemos perdernos en el tumulto de los cambios en el mundo del libro. Tenemos que cuidar las ediciones electrónicas, no solo publicar sino contribuir a una mejor lectura en aras del placer de la misma”. Es lo que se busca con la metamorfosis de Cien años de soledad, cuando Macondo y los Buendía se enrumben en el universo digital y empiece a leerse desde allí ese rosario de historias de la humanidad contadas desde la frontera del sueño y la vigilia. Vivencias del autor y lo que le contaba el abuelo materno, el coronel Nicolás Ricardo, pero escritas con la misma “cara de palo” con que su abuela Tranquilina intentaba amordazarlo de miedo para que estuviera quieto. El resultado fue un vallenato de más de 300 páginas escrito durante año y medio en compañía de “dos discos que se gastaron de tanto ser oídos: los Preludios de Debussy y Qué noche la de aquel día de los Beatles”.

Pero así como Cien años de soledad no existiría sin aquellos primeros años con sus abuelos, donde está el manantial de su literatura, tampoco toda la obra del periodista, escritor y guionista colombiano sería lo que es sin “La tercera resignación”, el primer cuento que publicó. Fue hace 60 años en el diario colombiano El Espectador, el 13 de septiembre de 1947. Tenía 20 años, se había graduado de bachiller. Cuando lo vio publicado, su primera reacción fue “la certidumbre arrasadora de que no tenía los cinco centavos para comprar el periódico”.

RETRATO DEL TÍMIDO

Cuando escribía en la calle Caponata de Barcelona, García Márquez tenía 43 años y ya era tan famoso como Cien años de soledad. Era, como dijo en 1966 Luis Harss, el argentino que estableció el primer canon del boom, “un hombre escrupuloso, intenso, voluble, que hará cualquier cosa para llegar a la gente, para que lo quieran, como dice, hasta escribir libros”. Y no había vencido, desde Aracataca, una timidez que combatía encerrándose. Cuando abría la casa, en Barcelona, había inventado un artilugio para simular que aquella timidez no le impedía aparecer como unas castañuelas. Era una máquina de reír que se accionaba en cuanto Mercedes, su mujer, o él mismo le abrían la puerta al visitante.

En febrero de 1982 declaró: “He dicho por todos los medios que no participo en actos públicos, ni pontifico en la cátedra, ni me exhibo en televisión, ni asisto a promociones de mis libros, ni me presto para ninguna iniciativa que pueda convertirme en un espectáculo”. No lo hace por modestia, sino por algo peor, añadió: “Por timidez”. Y por timidez hacía que riera aquella máquina infernal cuando pasabas el umbral de su casa.

EL ENCUENTRO CON GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ

Gabo es un demonio de la palabra

Oswaldo Reynoso

La primera novela que leí fue El coronel no tiene quien le escriba, que me pareció una obra maestra. Luego esta opinión la confirmé con Cien años de soledad, y los otros libros son importantes, pero no tienen el peso literario de El coronel… y Cien años de soledad, que es lo que más me agrada.

Cuando lo descubrí, en esa época ya se anunciaba lo que ahora es una epidemia en la literatura, que dan más importancia a la estructura, a la historia y no a la palabra, y Gabriel García Márquez une admirablemente todo, sobre todo la palabra. Él ha hecho una prosa eminentemente poética, como la de Rulfo y Eleodoro Vargas Vicuña. Y eso se está perdiendo porque la juventud de ahora está más interesada en el tema, en las estructuras, en aplicar recetas de cocina que aprenden en los talleres de narrativa que en el trabajo poético del lenguaje. Por otra parte, también quiero indicar que hay un texto muy importante de García Márquez, que yo lo repito con frecuencia, dice: “un verdadero profesor de literatura simplemente debe ser un buen guía de lecturas”.

Con respecto a su visión del mundo, tiene una visión total, adherido a una fe, inquebrantable, un gran luchador en su campo… y más que un mago de la palabra, un demonio del lenguaje y la palabra.

NUNCA ESPERÉ UN LIBRO CON TANTA ANSIEDAD

Miguel Gutiérrez

Por algunos relatos que había leído sabía que García Márquez era un admirable narrador colombiano. Sin embargo cuando a mediados de los 60 leí en la revista Amaru un avance de su novela Cien años de soledad entendí que me hallaba ante un fabulador distinto y maravilloso, poderoso y feliz.

Nunca he esperado un libro con tanta ansiedad, hasta que me sumergí en sus páginas en la memorable primera edición de Sudamericana. Y fue como si descubriera de nuevo el arte de narrar; y me sentí gozosamente abrumado por el esplendor del lenguaje y por el deslumbrante tejido estructural, tan moderno como antiguo, con su entramado de historias que remiten a una familia, a un pueblo, a una nación, a un continente.

Aunque el clan familiar y los individuos que lo conforman están sometidos a una suerte de fatalidad o destino adverso, mujeres y hombres apuestan por la vida y se entregan al amor y a la exaltación de los sentidos, pero sin renunciar a los fueros de los sueños y al reino de la utopía. Como novela que, con las viejas palabras de la tribu, da cuenta de la creación y destrucción de un mundo, Cien años de soledad es el libro del Génesis y el Apocalipsis, que es como decir el Libro de los Libros de la narrativa latinoamericana.

MI ADMIRACIÓN POR CIEN AÑOS NO HA DECRECIDO

Alonso Cueto

Cuando yo estaba en el colegio, en los años sesenta, recuerdo que salió la primera edición de Cien años de soledad de Gabriel García Márquez. Era un libro que nos pasábamos entre los amigos.

Había una enorme conmoción de lectores frente a este libro tan interesante, tan original y tan potente.

Con los años mi admiración por ese libro no ha decrecido, pero creo que yo prefiero, al final, El amor en los tiempos del cólera, porque no es un libro mítico, es un libro sobre lo que somos, la convivencia día a día, sobre el envejecimiento, sobre la esperanza. Como digo, al final, de los libros de Gabriel García Márquez, creo es el libro que prefiero de todos.

Lo que a mí me apena es su complacencia con el régimen de Fidel Castro. Me parece que va en contra de la idea que tenemos del escritor. En ese sentido, la imagen de Mario Vargas Llosa ha sido mucho más íntegra y meritoria. En fin, a los escritores hay que juzgarlos por sus novelas, de eso se trata.

ENCONTRÉ A GABO EN MI LIBRO DE TEXTO

Javier Arévalo

En un libro de texto escolar del curso de literatura conocí a un señor muy viejo con unas alas muy anchas y al autor, que me pareció un fumado loco cuando afirmaba que pudo haber servido mejor a la humanidad si en lugar de ser escritor hubiese sido guerrillero. Dos años después le daban el premio Nobel y el tipo con cara de tío que te regala unas monedas por decir un chiste y luego se va a beber con los amigos y a jugar sapo, resultó ser un genio. Ya me lo había parecido con su único cuento que leí a mis catorce años, por el que seguramente no recibió regalías, pero que me descubrió una forma de narrar como a él se la descubrió Kafka que junto con su abuela le dio esa fórmula de contar las cosas más desarrapadas sin mover un músculo de la cara.

Nunca me interesó el realismo maravilloso como movimiento, que ha producido epígonos insoportables en todas partes de América, empezando por la Allende, pero Gabo me fascinó. Leí poseído dos o tres veces cada página de El otoño del patriarca que siempre me pareció, de lejos, una experiencia superior a enfrentarte con su versión para todo público, Cien años de soledad. Lo peor de leer a Gabo, para un escritor, es que su estilo se te filtra, te toma la mano, y te mata si no eres capaz de superarlo. Yo lo sobreviví.

LO VI IDOLATRADO COMO A UN SANTO

Luis Eduardo García

Yo tengo dos encuentros con García Márquez. El primero fue cuando leí Cien años de soledad. Había terminado la secundaría y quedé, digamos, noqueado por la historia fabulosa que acababa de leer. Y el segundo, cuando fui a Cartagena de Indias por los cuarenta años de Cien años de soledad y vi que el pueblo colombiano trataba a García Márquez como si fuera un santo. Era una idolatría. Había una relación entre el escritor y el medio tan grande que sencillamente quedé pasmado. El escritor que había leído lo veía convertido casi en un santo. Nunca he visto a un escritor tan admirado como él. Creo que tenía la fama de un político, pero vivía las reverencias que se les suelen dar a las cosas religiosas. Esos son los dos encuentros, uno intelectual, cultural, y el de la experiencia directa, de ver a alguien convertido en una leyenda siendo de carne y hueso.

En cuanto a su dimensión literaria, es muy difícil sacudirse de la sombra de García Márquez. Tiene demasiados imitadores y siempre malos. García Márquez es único porque es imposible de imitar. Su gravitación sobre nuestra literatura latinoamericana se va a extender por mucho tiempo, es un clásico vivo. Ha marcado un derrotero de nuestra literatura; el otro probablemente sea Mario Vargas Llosa.

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diario La república

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